Cómo cocinar sardinas apestosas en casa

Cómo cocinar sardinas olorosas en casa

Si te gusta mucho este pescado, pero tu casa apesta, firma estos trucos para cómo cocinar sardinas olorosas en casa de muchas maneras sin tener que sufrir su olor.

Son saludables, baratos, pueden prepararse de mil maneras y son excelentes en todas ellas. Las sardinas son la verdadera delicia del mar, pero tienen un pequeño inconveniente: el olor que desprenden al cocinarlas no sólo es fuerte. sino que también se instala en su casa como si fuera suya (y nadie quiere vivir con cortinas aromatizadas con agua de sardina).

Eso significa que tienes que resignarte a comer este manjar solo en restaurantes, barbacoas y en una lata? Nunca te haríamos eso: con estos consejos, trucos e inventos podrás preparar sardinas en casa de tantas maneras que nunca te aburrirás.

Sardinas crudas

No hay que ser un genio para darse cuenta de que las sardinas sólo huelen cuando pasan por el fuego, así que la forma más fácil de comerlas sin pestañas es hacerlo crudo. Puedes empezar poniéndolas en salmuera y marinándolas en vinagre de manzana, como hizo Mikel López Iturriaga – el jefe de todo esto – en una receta versionada de Joan Roca.

Los terminó con un poco de tomate, aceitunas y cebollinos picados, pero se les podía dar exactamente el mismo tratamiento que a unas anchoas, ponerlas en aceite de oliva con ajo y comerlas así. También se pueden servir a base de salmorejo o ajoblanco: el toque carnoso de la sardina marinada es perfecto con ambas cremas.

Si no puedes esperar y el sabor de los pescados grasos crudos no es demasiado fuerte para ti, puedes cortarlos en pedazos y ponerlos directamente sobre el arroz preparado como si fueras a hacer sushi (con un poco de azúcar, sal y vinagre de arroz). No dejes que se enfríe demasiado: el calor derretirá un poco la grasa de la sardina y le dará una increíble textura melosa.

Si puedes conseguir un poco de rábano en escabeche, dale: el contraste ácido y crujiente hará que todo el asunto sea aún más alto. Por otro lado, tienes mucho tiempo y paciencia, prueba esta receta de mi colega Carlos Román, que los marina un par de días con soja y vinagre de Módena (si puedes, elige uno decente sin caramelo añadido).

Es la forma más fácil de cocinarlos sin que huelan, y también tiene múltiples ventajas. Primero, puedes hacerlo en una sartén, en una parrilla o en el horno (es terrible si no tienes una de estas tres cosas en casa). Segundo, puedes darles sabores y aromas poniendo hierbas, limón u otros aderezos dentro del papel.

Tampoco tienes que añadir grasa porque la grasa de la propia sardina será suficiente; no se te pegará. Algo que este pez tiende a hacer cuando las sartenes ya no están en su mejor momento, y sólo necesitas un poco de papel de horno (o aluminio, aunque prefiero el otro).

La única desventaja es que no se quedan con la capa crujiente que tendrían a la parrilla o fritas, sino que obtendrán sardinas súper jugosas con todo su sabor. Puedes poner un poco de puerro, zanahoria y cebolla picada en la base, o unas cuantas rodajas de lima o limón y las especias y aromáticas que prefieras.

Usar sardinas sin cabeza ni tripa, hacer un envoltorio lo suficientemente grande como para que no se amontonen entre ellas y no preparar más de cuatro o cinco por paquete. Puedes hornearlas en 180 ℃ entre 10 y 15 minutos -dependiendo del tamaño- o en una sartén a fuego lento durante tres o cuatro minutos por cada lado.

Hay que tener cuidado al girarlos para que no se quemen y no se desmonten, y también al abrirlos: el vapor del interior se quema, y el jugo de la cocción que habrá liberado el pescado también. Si no sabes cómo preparar el pequeño paquete de papillote, en este video te lo muestran.

Una antorcha de cocina

No es un artilugio caro, los hay desde 11 dólares. No ocupa mucho espacio y tiene muchas aplicaciones: si aún no tienes una linterna de cocina,

Te recomiendo que consigas uno. Además de caramelizar, ahumar los restos de plumas de ave, dorar el queso, flamear, tostar un merengue, tostar rápidamente la piel de algunas verduras para pelarlas mejor, también puedes preparar sardinas inodoras en cuestión de segundos.

Ponga algunos filetes limpios de escamas y espinas en una superficie resistente al calor, pase la llama por toda la superficie, y estarán listos para ser incorporados en cualquier plato. Si no quieres complicarte la vida, ponlos en una tostada con unos buenos pimientos del piquillo y ya has resuelto la cena.

Al horno, sobre un lecho de sal

Podemos asar las sardinas en el horno sin el olor de quedarse a vivir en casa, usando un par de trucos. Necesitaremos sal gruesa, que se utiliza para hacer pescado a la sal, alguna aromática como el tomillo o el romero y sardinas enteras (si no, la sal se pondrá en la tripa, y podremos morder algunas piedras).

Ponemos una base en una bandeja de horno con las hierbas elegidas y la calentamos a 200 ℃. Cuando la sal y la bandeja estén calientes, rápidamente ponemos las sardinas encima y las cubrimos con más sal. Horneamos unos 12 minutos, girando a la mitad de la cocción. Colocando la bandeja de manera que la parte de atrás quede en frente, retiramos la sal con cuidado e inmediatamente ponemos en el horno aún caliente un recipiente adecuado con agua y jugo de limón o vinagre.

Hay una versión ligeramente más sofisticada en la que la sal se mezcla con la clara de huevo. Pero no he notado ninguna diferencia sustancial con la que sólo contiene sal.

Sin cola

Si todos estos consejos son adecuados para ti, pero lo que quieres es una sardina frita o rebozada. Si las dejas remojadas durante media hora en leche con un poco de sal -en la nevera- y luego las escurren, las secan bien y las rebozan como de costumbre, será más llevadero.

Si, además de la cabeza y los intestinos, también quitas la cola, incluso lo notarás. Fríelos con el extractor de arriba, disfruta de tus sardinas, abre las ventanas, sal a pasear y seguro que cuando vuelvas recordarás más el delicioso sabor del plato que su olor.

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